Cae.
Se hunde.
Desaparece un momento.
Pero el obstáculo en el agua no lo derrota,
solo es una pausa en el camino inevitable hacia la luz.
Empujan.
Frenan.
Lo quieren abajo.
Pero incluso rodeado de corrientes contrarias,
algo invisible insiste en levantarlo otra vez.
Hay fuerzas que no negocian.
Hay destinos que no piden permiso.
El corcho flota.
Siempre regresa.
No importa el peso del mar.
Puedes hundirlo mil veces,
puedes ponerle cadenas de dudas,
pero su naturaleza siempre será flotar.
En oficinas.
En pasillos.
En sistemas perfectos en papel.
Siempre habrá alguien buscando la cima,
y siempre habrá grietas buscando ser encontradas por quien sabe mirar.
No es maldad.
No es suerte.
Es la presión natural del mundo real.
Si no diseñas pensando en la subida,
la subida diseñará el final de tu historia.
El corcho flota.
Siempre regresa.
Es ley sin firma ni juez.
Si entiendes esa corriente silenciosa,
construirás sistemas fuertes,
que se mantengan arriba.