Dale oportunidad al capitalismo.

Dale oportunidad al capitalismo.
El rechazo al capitalismo muchas veces no nace de un análisis profundo, sino de una incomodidad más íntima: enfrentarse a un sistema que no premia lo que uno cree merecer, sino lo que realmente aporta a los demás. En ese terreno, los llamados “intelectuales” no tienen ventaja automática; el mercado no aplaude discursos ni credenciales, sino resultados. Y cuando esos resultados no llegan, buscan crear una narrativa que les sea conveniente donde el sistema es el culpable.

En ese proceso, el éxito ajeno se vuelve sospechoso. Se deja de ver como consecuencia de haber creado valor y se interpreta como algo injusto o tramposo. Así, reinterpretan la realidad para que el fracaso propio no duela tanto, transformando la frustración en crítica moral. Lo que podría ser autocrítica se convierte en una crítica al sistema externo.

De ahí nace el resentimiento: una forma silenciosa de defender el ego. Y en ese relato, el fracaso deja de ser un punto de partida para mejorar y se convierte en una supuesta virtud moral, mientras que el éxito pasa a ser casi un defecto. El capitalismo, con todos sus matices, incomoda precisamente porque actúa como un espejo que refleja sin adornos lo que cada quien logra aportar.

Dale una oportunidad al capitalismo.
Portada de la canción

Letra de la canción:

Dicen "capitalismo"… como quien nombra un pecado,
pero en el fondo es el espejo…
de quien quedó frustrado.

En la mesa de humo fino
y discurso elaborado,
se reúnen "intelectuales"
de prestigio autoproclamado,
con palabras elegantes
disfrazan su frustración
de no haber sido elegidos
por la libre decisión.

Porque el capitalismo
no premia la intención,
ni diplomas en la pared,
ni la resignación,
premia al que sirve al otro,
al que logra resolver,
y al que no encuentra el modo… lo invita a aprender.

Pero hay algo que arde más que cualquier desigualdad…

El éxito ajeno
lo ven sospechoso,
lo llaman injusticia
como acto doloso,
reinterpretan la realidad
pa' que el fracaso propio no duela tanto en verdad.

Y así les crece un resentimiento disfrazado,
con traje de ética y argumento elevado,
convirtiendo el fracaso en medalla moral…
y al que sí prospera lo quieren condenar.

Dicen que el mercado es cruel,
que no sabe valorar,
pero es que no compra teorías…
solo quiere solucionar.
No pregunta tu linaje,
ni tu pose intelectual,
sólo mide si tu esfuerzo…
le resulta funcional.

Entonces nace el relato que protege el ego herido,
donde el éxito es sospecha y el logro, mal habido,
donde el que crea riqueza "seguro que la robó",
porque aceptar lo contrario… duele más que el error.

No es falta de datos,
ni ausencia de razón…
es la verdad que no encaja en su narración.

El capitalismo no pide aprobación,
solo refleja tu aporte en su ecuación,
si das valor real, avanzas… si no, te quedas atrás,
y eso a ciertos "pensadores" no les gustará jamás.

El éxito ajeno
se vuelve sospechoso,
lo pintan de oscuro
aunque sea luminoso,
reinterpretan la realidad
pa' que el fracaso propio no duela tanto en verdad.

No es el sistema el que dicta tu lugar,
es lo que entregas lo que te hace avanzar,
pero es más fácil culpar que reconocer
que el mundo no gira como quieres creer.

Y cuando el espejo
te refleja sin filtro,
es más cómodo romperlo...
que cambiar tu instinto.

Y así el capitalismo queda en el banquillo,
acusado por voces llenas de brillo
pero en su silencio, sin gritar ni juzgar,
solo muestra quién construye… y quién prefiere explicar.

Al capitalismo debes darle una OPORTUNIDAD.