Ey…
No todo el que sonríe juega limpio…
míralo bien.
Lo invité a jugar un domingo al sol,
raqueta en mano, sonrisa de actor,
pero en la línea la bola cayó fuera…
y dijo “fue buena” sin pena ni espera.
Pequeños trucos, disfraz de amistad,
risas ligeras, grietas de verdad,
el juego habla aunque nadie lo admita,
la trampa susurra… nunca grita.
Y ahí entendí sin tener que pelear,
que hay cosas que no se pueden ocultar…
Quien engaña a un amigo,
también engaña en la empresa,
la trampa no cambia de casa,
solo cambia la mesa.
Si miente jugando contigo,
cuando no hay nada en juego,
imagina cuando el dinero
le prenda fuego.
En el tablero movía sin mirar,
reglas dobladas pa’ poder ganar,
decía “es un juego, no pasa nada”,
pero su ética ya estaba marcada.
No es el punto, ni el set, ni el marcador,
es lo que haces cuando nadie es juez ni espectador,
la integridad no cambia de traje,
va contigo en cada viaje.
Antes de un trato, antes de firmar,
ponlo a jugar… déjalo mostrar.
Quien engaña a un amigo,
también engaña en la empresa,
la trampa no cambia de casa,
solo cambia la mesa.
Si miente jugando contigo,
cuando no hay nada en juego,
imagina cuando el dinero
le prenda fuego.
Un dado, una carta, una bola en la red…
ahí se revela quién vas a tener.
No es suerte, no es juego, no es casualidad,
es su forma de ver la realidad.
Quien engaña a un amigo…
no cambia por contrato,
la verdad no se firma,
se vive en cada acto.
Si hoy te falla en pequeño,
mañana será mayor,
la trampa crece en silencio…
hasta romperlo todo alrededor.
Así que antes del negocio…
invítalo a jugar.
La cancha no miente…
solo deja ver la verdad.